RAION DE SAKIAI

(Persecusión de alumnos en Luksiai):

En noviembre de 1971, los maestros de la escuela secundaria de Luksiai, especialmente los educadores de las clases y el director, iniciaron una grosera lucha contra los alumnos que secundan en la Santa Misa, arrojan flores, hacen adoración, participan en las procesiones, y en general, con todos aquellos que asisten a la iglesia. Los que secundaban en Misa eran llamados ante el director, interrogados, intimidados, impelidos a no ir más ante el altar. En presencia de la clase se los avergonzaba, se les hacía burla en los periódicos murales, se los caricaturizaba. Hasta citaban a los padres y les ordenaban que no permitie­ran secundar en la Santa Misa y otras ceremonias religiosas. Después del Año Nuevo 1972, dos padres creyentes: G. Krikstolaitis y N. Didzbaliene visitaron al director S. Urbonas y solicitaron que no fueran terrorizados más los niños que secundaban en las Misas y que asistían a la iglesia. Los padres recorda­ron al director lo que dice la Constitución y las leyes soviéticas. El director manifestó duramente:

·      Los atacamos y los atacaremos; y los atacaremos mucho más de lo que lo hicimos hasta el presente. A nosotros nos ataca el raion de Sakiai, y nosotros atacaremos a vuestros hijos; y pueden quejarse hasta a Moscú.

·      Y nosotros llevamos y llevaremos nuestros hijos a la iglesia, — expresaron los padres en despedida.

Los secundadores en las Misas y los participantes en las procesiones no cesaron en asistir a la iglesia; solamente uno que otro se atemorizó. Los padres creyentes sufrieron largo tiempo y esperaron, tal vez que los-maestros recapaciten, pero estos no cesaron en menoscabar a los niños, en burlarse, en amedren­tarlos. Entonces los padres escribieron una denuncia a la procuraduría de la RSS de Lituania.

He aquí su contenido:

Al Procurador Republicano de la RSSL Con copia a:

Ministerio de Educación de la RSSL Sector Educacional del raion de Sakiai Presidente del CE del raion de Sakiai

Presentación

de los padres creyentes de la parroquia de Luksiai, raion de Sakiai

(Palabras de las autoridades en favor de la libertad de fe):

En el folleto "Leyes soviéticas sobre los cultos religiosos y la libertad de conciencia" de J. Anicas y J. Rimaitis, publicada por la editorial "Mintis" el año 1970 en Vilnius, se dice que "Todo ciudadano puede profesar cualquier religión o no profesar ninguna. La anulación de cualquier derecho, ligado con la profe­sión de cualquier religión o la no profesión de ninguna, queda derogada." (pág. 17).

"Requerimientos del principio de conciencia: 1) derecho de todo ciudadano a profesar cualquier religión; 2) derecho a cumplir las ceremonias de culto; (...); 6) igualdad de los ciudadanos, sin considerar la pertenencia religiosa" (pág. 15).

"Las autoridades soviéticas siempre luchan deno­dadamente contra los trabajadores del aparato estatal y los ciudadanos, que lesionen los derechos de las organizaciones religiosas, así como de los creyentes. En los códigos penales de las repúblicas de la Unión existen artículos especiales, que prevén las responsa­bilidades por los lesionamientos delictuosos de los principios de la libertad de conciencia de los ciudada­nos." (pág. 24).

"El partido comunista y el gobierno soviético disponen, que hay que cumplir con igual rigor también aquellas leyes soviéticas, que aseguran a las comunidades religiosas y sacerdotes la libertad de actuación, sin lesionar los cánones eclesiásticos y los límites dogmáticos, y a los creyentes todas las posibilidades de disfrutar plenamente del derecho constitucional de la libertad religiosa. El Estado socialista prohibe cualquier administración, grosería y falta de tacto con respecto a los cultos religiosos, sus servidores, así como los fieles. Cualquier impedimen­to del cumplimiento de las ceremonias religiosas, si estas son realizadas sin quebrantar las leyes sobre los cultos religiosos, será considerado delito punitivo. De acuerdo al artículo 145 del código penal de la RSS de Lituania, el impedimento para que se cumplan las ceremonias religiosas, si estas no perturban el orden público y no están ligadas con la interferencia en los derechos ciudadanos, es penado con hasta un año de pérdida de la libertad o de trabajo correctivo por ese mismo período, o sino hasta un ciento de rublos de multa", (pág. 31).

(Véase la disposición del Presidium del Soviet Supremo de la RSS de Lituania "Sobre la aplicación del art. 143 del Código Penal de la RSS de Lituania"— "Informaciones del Soviet Supremo de la República Socialista Soviética y el Gobierno", 20 de mayo de 1966, No. 14, pp. 183-184).

El Concilio General de la Iglesia (Vaticano II), en sus decisiones, basadas en las cuales los Obispos de Lituania, en concordancia con el delegado de culto, publicaron en 1968 por la imprenta "Vaizdas" el "Libro de oraciones litúrgicas", exhorta y enseña a los creyentes a participar lo más activamente posible en las ceremonias religiosas. Por lo tanto, nosotros, los padres, conjuntamente con nuestros hijos, en la iglesia nos arrodillamos, cantamos, oramos silenciosa­mente, respondemos en voz alta las diversas respues­tas, marchamos en las procesiones, llevamos sus emblemas. Nuestros hijos se arrodillan o permanecen de pie junto al altar, nosotros, los padres, estamos junto a ellos, etc. Nuestros hijos no son ninguna clase de servidores de la iglesia. Son sus comunes visitantes y participantes de las ceremonias.

(Acción de la escuela contra la libertad de fe):

Con enorme tristeza, nosotros, los padres, sobrelle­vamos una dolorosa injusticia y discriminación. Por el motivo de que nuestros hijos, juntamente con nosotros, los padres, participan en las ceremonias religiosas, la dirección y maestros de la escuela secundaria de Lukšiai los persiguen de diversos modos, se comportan groseramente con ellos, se burlan de ellos, los amenazan y discriminan:

a) La maestra Vaišviliene, a causa de que el alumno de primer año Juozas Naujokaitishabía asistido a la iglesia y participado del culto, en presencia de todo el alumnado de la clase (muchachos y chicas), le ordenó bajarse los pantalones y acostarse, y le dijo:

— Se te aplicará correazos porque estuviste arrodillándote ante el altar.

Asustado por estas palabras de la maestra el niño se puso a llorar.

b) La maestra Martisiute, que dirige el sector ciencia, al alumno Rolanas Tamulevičius de la clase VIb directamente le enseñó a obrar mal, le ordenó que se bebiera el vino que el sacerdote utiliza durante la Misa y en cambio le pusiera agua.

c) La maestra Vanagiene, llegada a la casa de los padres del alumno de VI año R. Didzbalis, les explicó que aunque su hijo cometiera un delito bastante grave, de cualquier modo delinquiría mucho menos que si se arrodillara frente al altar.

d) La maestra Urboniene, le ordenó al alumno Vitas Pavalkis de II año elegir una de dos: asistir a la iglesia, o a la escuela.

   e)       La maestra Martisiute, habiendo traído a clase algunos cuadros religiosos artísticos, le preguntó a la alumna Virga Mikelaityte: "¿Por qué causa Dios echó a Adán del Paraíso?" Al no responder esta, se dirigió a Vita Maceikaite: "Tú eres de familia religiosa, tus primos son monaguillos, entonces responde a esta pregunta". Después, burlándose de la religión, hizo preguntas a las alumnas Liutvinaite y Alytaite.

f)La maestra Skirskyte, visitó a los padres del alumno Krikstolaitis, y les lloriqueó que si el niño seguiría yendo a hincarse ante el altar, sufriría por ello su jubilación.

g) La maestra Sakalauskiene, sin averiguar quien era culpable, durante la clase acusó al completamente inocente alumno del VII año Rimas Didzbalis, diciéndole: "Didzbalis, termínala, aquí no estás en Misa". A raíz de esta observación de la maestra el niño se incorporó llorando.

h) Los niños que concurren a la iglesia para arrodillarse y rezar, son interrogados groseramente por sus maestros, se les hace objeto de burla, son avergonzados ante los ojos de los demás alumnos de grado.

i) El día 22 de enero de 1972, en el periódico mural de la escuela se publicaron caricaturas de los siguientes alumnos: el alumno Krikstolaitis del año Vb arrodillado en la sacristía con un rosario, el alumno R. Tamulevičius del año VIb es llevado en automóvil por su propia madre a la iglesia, mientras él dice: "Yo voy a la iglesia. Me gusta mucho. Allí,cuando el cura toma vino, hago sonar la campanilla". De semejante modo se mofaron de los hermanos Didzbalis.

Además, en ese mismo periódico mural figura un artículo del colegio de redactores, en el que se dice: "Tampoco en nuestro colegio faltan los que honran a Dios. Tales alumnos se denigran a sí mismos, a su autoridad, ensucian el nombre del colegio. Son de dos caras, hipócritas, que con su acción pretenden quedar bien con la iglesia y con el colegio, ser pioneros y monaguillos, que por su proceder camaleónico obtie­nen algunos kopeks del puño del cura. Tales cama­leones son la alumna Alytaite del IXa, el alumno Alyta del VIb, el alumno Krikstolaitis del Vb, el alumno Didzbalis del Vlla. Además de estos siervos de la iglesia, existen en el colegio aquellos otros que asisten a la iglesia, cumplen beatamente las ceremo­nias religiosas, y son la alumna Liutvinaite del IXa y la alumna Staugaityte del X, la alumna D. Bacevi­čiūte del XI. Denles a ellos y a su acción el correspon­diente merecido."

El primero de los tales concretos "merecidos", tal vez fué el de Janina Alytaite, alumna del IX año, de 14 años de edad, que ejercía funciones de mucama en el comedor deLukšiai, después que se hubo conversa­do con su madre sobre la asistencia de los niños a la iglesia, fué inmediatamente despedida de su empleo, aunque los maestros conocían hacía tiempo que ella trabajaba en el comedor, pero no decían nada, lo toleraban.

Finalmente, ¿acaso no es un "merecido" si una persona joven es llamada camaleón, es decir, un animal? ¿No es un "merecido" el amedrentar y el amenazar? ¿No es un "merecido" el sancionar, el aterrorizar por la religión, a causa de que el niño concurre con sus padres a la iglesia? ¿No es un "merecido" el menoscabar a los que concurren a la iglesia frente a los ojos de sus compañeros de clase, formando una atmósfera tal como si se tratara de un delito terrible y vergonzoso?

Finalmente, tamaño comportamiento de los maes­tros con respecto a sus alumnos, acaso no es un menoscabo de su autoridad. Es que también los niños saben que cualquier fe es igual y libre. ¿Y que perciben por el comportamiento de los maestros? Nosotros, los padres, deseamos que nuestros hijos nos respeten a nosotros y a sus maestros, adquieran conocimiento, sean honrados.

Los maestros del colegio secundario de Luksiai denominan a los padres creyentes de retrógrados, tontos. Por ejemplo, el maestro Genys y la maestra Martisiute le decían a Ona Alytiene: "Son tontos ustedes, los padres, al concurrir a la iglesia y llevar a sus hijos." ¿Cómo puede el niño negarse a concurrir a la iglesia, si el padre o la madre lo llevan o le ordenan ir solo? Es que los padres son los educadores más responsables de sus hijos. ¿Acaso es razonable y pedagógico que todos los lunes se les pregunte a los chicos en la clase: ¿Fuiste ayer a la iglesia? y nuevamente preguntarle el sábado: ¿Irás mañana a la iglesia?" ¡Cómo no va a ir el niño, cómo desobedecerá a sus padres! ¡Qué predisposición del hijo contra los padres! El niño, muchas veces no logrará formular diferencias. Dirá a sus padres: "Eres un tonto, un retrógrado, a mí no me enseñes." Cuando el niño comete alguna falta, ordenan la concurrencia de los padres, y cuando nosotros, los padres, les enseñamos religión y los llevamos a la iglesia, se les ordena no obedecer a los padres. ¿Donde esta la lógica, donde el respeto por los padres y los maestros?

(Solicitud de los padres: no menoscabar la autoridad de los padres ante la vista de los hijos):

Por consiguiente, nosotros, los padres creyentes, sobrellevándolo dolorosamente, nos dirigimos a Usted solicitando arbitrar los medios para que nuestros hijos, por la profesión de fe y la participación en el culto, no sean sancionados, perseguidos, mofados y discriminados. Nosotros, los padres, ya estamos hastiados por los incesantes tironeos, atemorizamien-tos, burlas de nuestros hijos, sus lágrimas, sus sobresaltos nocturnos cuando duermen. Deseamos que nuestros hijos no teman la escuela, en la cual reina para el niño creyente el pavor, el escarnio y el menoscabo.

Nosotros deseamos que nuestros hijos concurran a la escuela con alegría y regresen con alegre ánimo.

Nosotros deseamos que la escuela sea para ellos un segundo hogar, y los maestros—los segundos padres, que al observar los errores y el no tacto del alumno, sepan educar pedagógica y paternalmente al alumno, ofrecerle conocimiento educacional, cultivarlo para hacer de él una persona de alta cultura.

Nosotros, los padres creyentes, deseamos que la ley de la libertad religiosa no sea meramente hermosas palabras de propaganda, sino una realidad.

Solicitamos al Honorable Procurador republicano que se recuerde al director y maestros del colegio secundario de Luksiai, que las leyes soviéticas también les incumben, que ellos no incurran en estos y similares errores.

Luksiai, febrero de 1972." Firman el petitorio 14 padres.

 

(La escuela apela a la colaboración del "diputado"):

El director y los maestros, en conocimiento sobre la formulación de la exposición, procuraron que no llegara a las instituciones republicanas. Se le pregun­tó a la alumna del año IXb J. Alytaite, si su mamá recolectó firmas, quien recolectó mayor cantidad, etc. La alumna respondió que no sabía nada.

Los maestros se dirigieron al presidente del koljose denominado "Lenín", diputado del Soviet Supremo, K. Glikas, para que los respaldara. El airado presi­dente reconvino a los padres creyentes por haber calumniado a los maestros del colegio secundario de Luksiai, y porque ellos propagaron esta cues­tión por toda la república.

Durante una reunión de la brigada, Glikas dijo que en Vilnius le habían mostrado dicha denuncia y que le produjo un gran disgusto, ya que en su koljose había tamaño desorden. "¡Nosotros les enseñaremos! Nosotros les romperemos los colmillos a aquellos que devoran a los maestros!" manifestó nerviosamente el diputado. Amenazó a los padres firmantes con publicarlos en los periódicos, etc. Glikas visitó a G. Krikstolaitis y le reprochó coléricamente, porque los padres habían calumniado a los maestros. "Ellos son gente de ciencia; se les debe respetar y no se les debe combatir." El presidente manifestó que los padres firmantes no hallarían paz.

Por intermedio del agrónomo, Glikas le informó a Tamuleviciene que si esta no "cambiaba de disco" iba a ser eliminada de las funciones de controladora. También amenazó que, si Tamuleviciene se viera obligada a mudarse de vivienda, recibiría poco pago por la vieja chacra.

La intervención del presidente Glikas agobió a los padres. Entre la gente cundió el rumor que iba a ser clausurada la iglesia de Luksiai, trasladado el cura párroco, etc. A muchos les pareció, qué necesidad había de tamaños disgustos, que surgen por el secundamiento de los niños a la Misa. Alguien hasta se enojó contra los padres que habían firmado la denuncia. Los más valerosos se tranquilizaban de que Dios no los abandonaría. El cura párroco, durante sus predicaciones, recordaba la cuestión del sacrificio. Los católicos más decididos rezaban: "Señor, manten cerca tuyo a los niños, a quienes más amáis."

 

(La comisión investigadora de Vilnius):

El 9 de marzo, procedente de Vilnius llegó a Luksiai una comisión para investigar los hechos denunciados. Los miembros de la comisión anuncia­ron ser del Ministerio de Educación. Dicha comisión estuvo tres días en Luksiai; fueron interrogados los niños, los padres, los maestros y personas ajenas.

Al alumno J. Naujokaitis, de I año, le preguntaron:

—          ¿Te rezongó mucho la maestra porque vas a secundar en la Misa?

—          Me rezongó.

—          ¿Es verdad que te amenazó la maestra dicién-dote "bájate los pantalones"?

—          Así fué, — aseveró el niño.

Los miembros de la comisión explicaron, que la maestra no tenía derecho de proceder así, que la fe es libre, quien lo desea asiste a la iglesia, quien no lo desea no va.

Los miembros de la comisión explicaron a Vitas Pavalkis:

—       Si te gusta, puedes concurrir a la iglesia y ayudar en Misa; nadie te sancionará por ello ni te echará de la escuela.

El niño regresó de la escuela alegre, porque ahora nadie se burlaría de él.

Preguntaron al alumno R. Didzbalis del VII año:

—       ¿Una caricatura tuya fué incluida en el periódi­co mural?

—       Sí, lo estuvo.

Le explicaron al niño que por la fe no es posible burlarse de los niños, ni caricarituzarlos en los periódicos murales; se les puede decir solamente que Dios no existe. El niño fué preguntado ¿qué más desearías?

—       ¡Libertad para concurrir a la iglesia! Interrogaron a Alytaite por qué había sido

separada del comedor.

—       Por concurrir a la iglesia.

—       ¿Estuviste dibujada en el periódico mural y comentada?

—       Sí.

—       ¿Qué desearías? — preguntó la comisión.

—       Que los maestros no nos reprendieran por la asistencia a la iglesia y que no nos pusieran en el periódico mural.

    La comisión volvió a explicar, que no se puede zaherir a los alumnos por su asistencia a la iglesia; prometieron advertir al director y a los maestros para que no utilizaran tales medios.

La comisión preguntó a R. Tamulevičius:

—       ¿Quién te ordenó no concurrir a la iglesia y no ayudar a Misa?

—       Los maestros y el director.

El niño contó como cierta vez lo llamaron hasta tres maestras. Estas se burlaban diciéndole, átate una corbata roja y espera si el cura te permite o no ayudar a Misa.

—       La maestra Martisiute, ¿en broma o seriamente te dijo que te bebieras el vino del cura y que le echaras agua?

—       No lo sé, pero me dijo así.

—       Puedes concurrir a la iglesia, si lo deseas; si te gusta puedes ayudar a Misa, pero no te hagas sacerdote y lee más libros ateístas.

Pijus Didzbalis le explicó a la comisión:

—       No tengo nada contra la escuela. Existe sola­mente un mal, de que los maestros atacan a aquellos niños que asisten a la iglesia. Esos niños tienen miedo hasta se rehusan a estudiar. Nuestra fe es de que los domingos debemos ir nosotros mismos a la iglesia y llevarnos a nuestros hijos. Los maestros comenzaron a amedrentar a nuestros hijos, publicar­los en el periódico mural, burlarse de ellos en clase, etc.

La comisión explicó que los maestros no debían comportarse así y que se enmendarían.

A Ona Alykiene le explicó un miembro de la comisión que los maestros no pueden exigir que el niño no crea en Dios y que no concurra á la iglesia, no pueden burlarse por la fe, anotarlos en el periódico mural. Además recordó que, por los errores cometi­dos, serían sancionados el director y los maestros.

Los miembros de la comisión también explicaron a G. Krikstolaitis, que por la participación en las ceremonias religiosas no se puede reprochar a los niños, interrogarlos, publicarlos en el periódico mural. Un miembro de la comisión aconsejó que durante el servicio religioso se mantuvieran a los niños en el medio de la iglesia, pero si los padres les permiten que ayuden en Misa, ellos tienen derecho.

Habría que alegrarse si siempre se hubiera de reaccionar así a las denuncias, pero, desgraciada­mente, esta reacción tal vez fué la primera de postguerra.

 

(Mientras tanto en los libros aconsejan burlarse):

En 1969, el Instituto de experimentación educa­cional de las escuelas del Ministerio de Educación de la RSSL, publicó la obra de B. Bitinas "Los alumnos religiosos y su reeducación". He aquí lo que se dice en ella:

"Alguien asevera que, educando ateísticamente a los alumnos, no se debiera emplear la crítica satirizante con respecto a aquellos alumnos que cumplen las ceremonias religiosas. El material que hemos acopiado muestra que esta afirmación no puede ser aceptada categóricamente, cuando nos enfrentamos con los jóvenes adolescentes. En algunas oportunidades, la opinión social ateísta expresada hasta en forma satírica, ayuda al adolescente religioso para recibir los fines de la educación ateísta, mejor que otras formas de influencia ateísta . . ." (pág. 122).

Esta obra de B. Bitinas solo puede ser hallada en los gabinetes de método de las secciones educacio­nales, y es recomendada como instrucción para reeducar a los alumnos creyentes.

Surge el interrogante, a quien se debe creer: ¿a las palabras de los miembros de la comisión o a las instrucciones escritas?

Ello se demostrará en el futuro . . .

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