(Lucha sin compromisos contra la religión):

El 12 de agosto de 1972, en el periódico "Sovietskaia Litva" (Lituania Soviética. El T.) apareció un artículo de Rimaitis "Los iglesistas se adaptan". Allí se dice, que al luchar contra la religión "pueden provocar daños irreparables las acciones ad­ministrativas, toda clase de lesionamientos de los sentimiento de los creyentes. Los incorrectos métodos de la lucha contra la religión no solamente que no destruyen las bases de la propagación de la fe, sino, por el contrario, llevan a un fortalecimiento del fanatismo religioso, hacia formas secretas de ceremonias y cultos, provoca la desconfianza, la desconformidad de los creyentes y los irrita".

Rimaitis repitió un viejo principio ateísta, exigien­do una lucha sin compromiso contra la religión. Este principio, al surgir una poderosa reacción de los creyentes, permite retroceder, permitiendo que los creyentes se calmen y, encontrando un nuevo medio de lucha, volver a golpear.

Al comenzar el verano de 1968 la reacción de los sacerdotes y creyentes de Lituania contra las restric­ciones de la libertad religiosa, llegó a su culminación a principios de 1972. Al ser arrestados los padres Juozas Zdebskis y Prosperas Bubnys, hubo una inundación de protestas de los creyentes, en las cuales estaban expuestas las persecusiones de los creyentes. El gobierno soviético hizo caso omiso de estas protestas populares y no reaccionó ante ellas, tal como se comportara con las protestas de los sacer­dotes en 1968-1971.

 

(Conflicto con los creyentes):

El primero de los conflictos más destacado de los creyentes con los funcionarios gubernamentales tuvo lugar el día del juicio del P. Juozas Zdebskis en Kaunas, calle Ozeskienes. Los milicianos dispersaron por la fuerza a la multitud, congregada junto al edificio del tribunal para honrar al sacerdote en­juiciado.

Especialmente una gran preocupación le provocó al gobierno la noticia de que se estaba juntando firmas en un memorándum dirigido al gobierno soviético. Los funcionarios gubernamentales pen­saban también en este caso ignorar este recurrimien-to de los creyentes. Empero, el memorándum de los católicos promovió, uno tras otro, actos inesperados. El documento firmado por 17.000 creyentes, enviado al Secretario General del CC a través del Secretario General de la ONU Kurt Valdheim, inmediatamente se hizo conocido en todo el mundo. La opinión pública saludó esa valerosa acción y condenó las restricciones de los derechos del hombre en la Unión Soviética.

 

(Forzamiento de los obispos):

El gobierno soviético decidió arreglar la situación que se complicaba siempre más: en el mes de abril obligó al administrador de la arquidiócesis de Vilnius, mons. C. Krivaitis, que anunciara al exterior de que en Lituania habría libertad religiosa. Sobre esta entrevista con "Elta", los creyentes de Lituania lo supieron solamente por las radios extranjeras. Se difunden rumores de que el administrador C. Krivaitis habría expuesto ante los corresponsales no totalmente de la manera como fuera publicado públicamente.

El 11 de abril, fueron convocados en la curia del arzobispado de Kaunas todos los obispos y los administradores que cumplen sus funciones oficialmente. Ellos, obligados por los funcionarios gubernamentales, firmaron la llamada "carta pastoral". Mediante ella, el gobierno intentó com­prometer a los organizadores del memorándum y a los creyentes que lo habían firmado. Aunque el 30 de abril, algunos sacerdotes, desde el ambón, leyeron la carta mencionada cambiada, totalmente o sintetizada, pero no hubieron los resultados esperados: algunos oyentes no entendieron lo que se condenaba en la carta, y otros se encolerizaron y soportaron dolorosamente, de que el gobierno procura uncir el gobierno eclesiástico en beneficio del ateísmo. En las columnas de la prensa extranjera, a poco aparecieron noticias sobre este vergonzoso acto de forzamiento.

 

(Después que Kalanta se quemara):

Sobre los funcionarios de la seguridad, que buscaban a los organizadores del memorándum y los canales, mediante los cuales alcanza al mundo libre la fidedigna información sobre la Iglesia Católica de Lituania, cayeron los trágicos acontecimientos del mes de mayo. El día 14 de dicho mes, en el parque de la ciudad de Kaunas se inmoló por el fuego el joven R. Kalanta, en protesta contra la persecusión de la libertad en Lituania. Conmovidos todos comentaban esta trágica protesta contra la injusticia nacional, la coerción y el albedrío del gobierno soviético con respecto a los pueblos. El obstaculizado sepelio se convirtió en una vigorosa demonstración, exigiendo libertad nacional y religiosa. El ejército y la milicia se las arreglaron groseramente con los demonstrantes, pero los mandatarios gubernamentales se enervaron — surgió que no solamente los sacerdotes deseaban la libertad, sino también "sus propios", es decir, la juventud educada comunistamente, desde los octubristas (niños de la organización infantil "Octubre", N. del T.). Entre los detenidos figuraban jóvenes comunistas, nacidos y crecidos en los años de gobierno soviético.

En el verano de 1972 se sintió una declinación. Los niños que se preparaban para la Primera Comunión fueron atacados por los funcionarios soviéticos, solamente en algunos lugares: N. Radviliškis y Sunskiai. Algunos sacerdotes fueron sancionados de manera administrativa, porque no desalojaron a los niños de los altares. El delegado del soviet de Asuntos Religiosos, Rugienis, casi no persiguió a los sacer­dotes.   -

Indudablemente, era una medida conciente de los ateístas, que buscaba restablecer la paz en Lituania y, al mismo tiempo, restituir de algún modo su desacreditado prestigio ante la opinión mundial, y tal vez, hasta convencer al mundo y al Vaticano, que la inquietud la habría provocado La falta de tacto de algún que otro funcionario. Por lo tanto, en estos momentos todo está liquidado. La actual vida de los creyentes nuevamente sigue su curso normal.

¿Cómo evalúan la actual situación de la Iglesia Católica de Lituania los propios creyentes y los sacerdotes?

Todos están muy preocupados, de que el gobierno soviético procura ahogar cado vez más a la Iglesia Católica de Lituania con las propias manos de los eclesiásticos y los creyentes.

¿Cómo se hace eso?

I. La conducción de la iglesia se unce a los intereses ateístas

(La táctica del engaño):

El gobierno soviético, pretendiendo ocultar ante el mundo su componenda con la Iglesia Católica de Lituania, abrigando la esperanza de embaucar al Vaticano y obtener de él consideraciones favorables para sí, más de una vez obligó a algunos obispos y administradores de Lituania que—publicaran en el mundo información inexacta. Por ejemplo, la en­trevista de S.E. el Obispo J. Labukas al diario "L'Humanité", la entrevista del administrador de la arquidiócesis de Vilnius monseñor C. Krivaitis al redactor de "Vilnis", Jakubka, y la entrevista a "Elta" en 1972 de S.E. el Obispo Pletkus para una emisión radial a los lituanos del exterior, etc. En estas entrevistas se aseguraba que las condiciones existen-ciales de la Iglesia Católica de Lituania eran nor­males, que los creyentes no eran perseguidos por el gobierno. No está claro si las personas antes men­cionadas se refirieron así en realidad, puesto que se conocen bastantes hechos en que las conversaciones son distorsionadas concientemente: alteradas, con agregados discrecionales.

 

(Al ser acallados los pastores):

Sabiendo que los sacerdotes de Lituania, y los creyentes carecen de cualesquiera condiciones y posibilidades para informar al mundo sobre la verdadera situación de la Iglesia, ya durante tantos años se ha formado una muy lamentable situación. Al concederles el Vaticano los títulos de monseñor a ciertos sacerdotes "leales" al gobierno soviético, y de manera como si hubiera aprobado su proceder, al nominar como obispos a los candidatos elegidos por el gobierno, al callar sobre la situación de los creyentes en Lituania, se oyeron voces de: "¡El Vaticano está engañado!" ¡Los chequistas se infiltraron en la Curia romana! ¡Estamos traicionados!"

En este difícil momento para los católicos de Lituania quedó solamente el confiar en la Divina Providencia y buscar caminos, mediante los cuales llegue al Vaticano y al mundo la verdadera infor­mación de que lo más destructivo para la Iglesia Católica de Lituania no es la persecusión, sino el lazo anudado por propias manos.

 

(Rugienis violenta a los obispos y sacerdotes):

Procurando debilitar la influencia de los sacer­dotes sobre los creyentes, más de una vez el gobierno obligó a los obispos a limitar los derechos de los sacerdotes. En 1968, obligado por Rugienis, S.E. el Obispo J. Labukas durante varios meses prohibió al vicario de Prienai, P. S. Tamkevičius, que pronun­ciara predicaciones; en el mes de julio de 1970 le quitó la jurisdicción en la diócesis de Vilkaviškis y ar-quidiócesis de Kaunas, al cura párroco deAlksnine P. Br. Antanaitis, que fuera canciller del obispado de Panevėžys, y desterrado en 1960 a la diócesis de Vilkaviškis. El 30 de marzo de 1971, mediante una circular, les fueron reducidos a los sacerdotes los derechos de escuchar confesiones y pronunciar predicaciones—se les prohibe a los sacerdotes de otra diócesis, sin permiso de la curia, pronunciar predicaciones o escuchar confesiones. Esta prohibición suscitó la protesta de los sacerdotes, pues, en condiciones de persecusión, se deben ampliar y no estrechar los derechos de los sacerdotes. Todas estas limitaciones de los derechos sacerdotales, debían realizarlos los obispos en su propio nombre, mientras el principal culpable—el delegado del soviet de Asuntos religiosos, Rugienis quedaba en la sombra.

     Solamente contados sacerdotes pueden los obispos designar en las parroquias; frecuentemente Rugienis indica que sacerdotes hay que trasladar, y el obispo solamente debe firmar las designaciones. No es por casualidad que los sacerdotes más decididos se hallan desparramados en parroquias pequeñas y alejadas, mientras los indolentes, los físicamente imposibilita­dos o hasta los comprometidos ante los creyentes, a menudo ocupan los puestos más importantes de la labor eclesiástica.

El propio Rugienis indica a que parroquia destinar los sacerdotes obsecuentes al gobierno y a los caídos en desgracia del gobierno por cualquier motivo, y sin su consentimiento, ni por motivos imprescindibles, el obispo puede trasladar ningún sacerdote. Por ejem­plo, en agosto de 1972, obligado por Rugienis, S.E. el Obispo Labukas,hasta amenazándolo con la suspensa, obligó al cura párroco de Juodaičiai, P. Pesliakas a que ocupara las funciones de vicario de la parroquia de Vidukle. Un sacerdote decidido que elevara el nivel espiritual de la parroquia, que se compenetrara con la gente y las condiciones de trabajo, Rugienis procura que sea trasladado, y permite que el obispo designe un sacerdote indolente para que otra vez todo se derrumba en la parroquia.

Rugienis prohibe a los obispos que mencionen que él ordena la designación de la mayoría de los sacerdotes. Por consiguiente, los sacerdotes no cono­cen absolutamente nada de sus designaciones por anticipado. Según los caprichos de Rugienis son arrojados como bolas de billar. Si la gente desea saber porque es trasladado el sacerdote, Rugienislos envía al obispo, y éste les da a entender que es impotente para hacer algo.

Los sacerdotes, viendo que los obispos son violen­tados por los funcionarios gubernamentales, a veces intentan apelar al derecho canónico: "Este traslado no es canónico, por lo tanto solicito que se me designe a una nueva parroquia".

(La dispensa que anhelaba Rugienis):

Obligado directa o indirectamente, S.E. el Obispo Labukas, el 19-IX-1970 consiguió de la Santa Sede la dispensa por la cual, al designar a los sacerdotes, no hubiera que respetar el derecho canónico. Esta dispensa, en opinión de todos los sacerdotes, unció aún más al obispo a los planes de Rugienis. Anterior­mente el obispo hubiera podido oponerse a Rugienis: "No se puede trasladar a un buen párroco a una pequeña parroquia, puesto que no me lo permite el derecho eclesiástico", y ahora, a la oposición del obispo, el representante gubernamental puede repli­carle: "Tienes la dispensa del Papa, así, pues, traslada este sacerdote de la parroquia".

La discrecional intromisión de Rugienis en la designación de los sacerdotes, los obispos fueron obligados a disfrazarla mediante la circular del 30-111-1971, en la que se dice: ". . . Los ordinarios, deseando mejorar el servicio de los asuntos espiri­tuales de los creyentes, decidieron reorganizar la designación de sacerdotes en las parroquias. Se determinó designar en el futuro como párrocos a sacerdotes jóvenes, decididos y convenientes para esas funciones, donde haya mucho trabajo, mientras que los sacerdotes de edad avanzada, que no alcanzan a cumplir su trabajo, trasladarlos a parroquias más pequeñas, donde les resulte más fácil cumplir fun­ciones de párrocos". Leyendo la circular se puede formar la impresión, que los ordinarios en Lituania actúan con absoluta libertad, designan los sacerdotes a su deseo. Pero, en la práctica fué y permanece distinto. Inmediatamente lanzada-la circular, el joven y decidido P. P. Dumbliauskas, de Garliava fué designado a la pequeña parroquia de Sunskai, mientras el cura párroco de Sunskai, P. I. Pilypaitis, nacido en 1903, quedó designado en la parroquia de Aleksotas, en Kaunas.

Los obispos también son obligados a obstaculizar que los sacerdotes y creyentes luchen por la libertad religiosa en Lituania. En diciembre de 1970, al vicario de Kėdainiai, P. A. Jakubauskas, se le amenazó con la suspensa, si salía de los límites parroquiales deKėdainiai y Apytalauke. En ese entonces, el mencionado vicario se preparaba para recolectar firmas bajo un llamamiento para que los obispos no fueran uncidos para trabajos de destruc­ción de la Iglesia.

El 11 de abril de 1972, mediante una "carta pastoral" fueron condenados los recolectores de firmas y los firmantes en pro de la libertad religiosa en Lituania.

Los obispos están obligados a refrenar las congre­gaciones de hermanas que trabajan en la clandesti­nidad, para que "no se manifiesten" y llamen la atención del gobierno. No sorprende, por lo tanto, que algunas de ellas no hayan entregado totalmente su dote para la vida religiosa nacional, conformándose solamente con la oración. Mientras tanto, la devasta­dora tormenta del ateísmo destruye la vida de la iglesia.

 

(Nota de los sacerdotes a los obispos):

Los sacerdotes de Lituania, procurando que el gobierno no sojuzgue a los dirigentes de la Iglesia Católica de Lituania a su intereses, en los meses de septiembre-octubre de 1970se dirigieron con una exposición a los obispos y administradores de Litua­nia, en la cual indicaban las concesiones que no se podían hacer. La mencionada exposición fué firmada por 59 sacerdotes de la diócesis de Vilkaviškis y 50 de la arquidiócesis de Vilnius.

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II. Sojuzgamiento de los sacerdotes para el trabajo ateísta

(Si los sacerdotes "temen"):

A los sacerdotes les está prohibido enseñar a los niños las verdades de la fe. Solamente se les ha dejado el derecho de examinarlos. Por cuanto los padres son incapaces de preparar bien a sus hijos para la Primera Comunión, entonces muchos sacer­dotes, especialmente en las parroquias más grandes, permiten que tomen la Comunión niños poco o nada preparados. Por ejemplo, en la Puerta de la Aurora de Vilnius, los niños tomaban la Primera Comunión sin haber aprendido convenientemente las oraciones. Ellos venían a montones desde Bielorrusia, donde no hay sacerdotes. Sus padres están incapacitados para prepararlos, puesto que no se permite la impresión de catecismos ni otra literatura religiosa. Por cuanto los sacerdotes rehusan enseñar a los niños, entoncesentre los creyentes se forma la impresión de que, si el sacerdote teme, cuanto más nosotros debemos temer al gobierno. De esta manera la gente empieza a justificar fácilmente a sus hijos, que abandonan las prácticas religiosas por motivos triviales: "Los retarán sus maestros, les pondrán malas calificaciones, no entrarán en colegios superiores, etc. etc."

 

(Los sacerdotes "obedientes" y los "no obedientes"):

El gobierno fuerza a los curas párrocos para que no permitan a los niños ayudar en el altar y participar en las procesiones. Se pena a los sacerdotes desobedientes. Especialmente por esto son violenta­dos actualmente los sacerdotes. Unos, decididos a sobrellevar todas las dificultades, no prohiben que los niños participen en las ceremonias religiosas, y los otros, complacen al gobierno, aprecian su buen puesto o tranquilidad, "no desean tener disgustos con el gobierno", no permiten que los niños participen en las procesiones o sirvan en la Santa Misa. Por consiguiente, en lugar de niños es dable ver a ancianos junto al altar.

Indudablemente, en esta cuestión tuvo una signifi­cación muy negativa la carta del 31 de mayo de 1961, escrita por coacción por el Dr. J. Stankevičius, administrador de la arquidiócesis de Kaunas y de la diócesis de Vilkaviškis: "Según la disposición del delegado de cultos religiosos, Rugienis, en las ceremo­nias litúrgicas sólo pueden participar públicamente aquellos y aquellas que tienen 18 años de edad. Los niños menores de edad no pueden servir en las Misas, no pueden cantar en el coro, no pueden llevar estandartes, no pueden arrojar flores. En las prácticas litúrgico-religiosas, los niños participan conjunta­mente con sus padres", así se dice en la mencionada circular. Algunos sacerdotes, luego de esta circular, comenzaron a justificarse más fácilmente, aunque en los últimos tiempos, en muchas parroquias, los niños volvieron a participar en las ceremonias religiosas. Por cuanto los niños participan en muchas partes en las ceremonias, a Rugienis le resulta muy difícil el combatirlo.

(Los sacerdotes agentes):

Los órganos de la seguridad intentan incorporar algunos sacerdotes como sus agentes. Procurando incorporarlos a esta tenebrosa labor de destrucción de la Iglesia, los funcionarios de la seguridad, seducen y amenazan a los sacerdotes, ofreciéndoles, por firmar que trabajarán como agentes de la seguridad, traba­jar en excelentes parroquias, ser decanos y hasta ascender más arriba; prometen dejarlos salir para estudiar en Roma, excursionar por los E.E. U.U. de N.A., y a veces, hasta les ofrecen directamente una retribución   mensual.   A   los   sacerdotes   decaídos moralmente, los de la seguridad los chantajean: si no firman su colaboración, serán sacadas a relucir públicamente todas sus culpas. Los funcionarios de la seguridad han reclutado a uno que otro de los sacerdotes quebrados espiritualmente y lo obligan a cumplir tareas del gobierno soviético.

En verdad, los sacerdotes reclutados nunca traba­jan seriamente para la seguridad, pero, sintiendo su dualidad interior, se quebrantan totalmente moral-mente, arruinan sus nervios, se embriagan. Esta clase de sacerdotes intenta justificarse: ellos no destruyen a la Iglesia, sino que buscan "el diálogo" con el gobierno soviético. Parece que el Vaticano no com­prende el significado de este "diálogo". Es la capitula­ción total. Es la total entrega de todos los asuntos de la Iglesia. Está verdad está testimoniada por la expe­riencia de los sacerdotes de postguerra. El exterior frecuentemente considera a los sacerdotes enrolados en la seguridad como sabedores de acomodarse a las condiciones de la persecusión. Ello demuestra la total ignorancia de la situación en nuestro país.

(Vigilancia de los sacerdotes activos):

Los obispos son obligados por el gobierno a designar a los sacerdotes más activos "bajo la vigilancia" de párrocos temerosos o enrolados por la seguridad. Los de la seguridad intimidan a los curas párrocos diciéndoles que deberán responder por todos los "desarreglos" del vicario, y le ordenan vigilarlo para que no pronuncie predicaciones "antisoviéticas", que no viaje demasiado, etc. Por ejemplo, al P. Berteska, cura párroco de Prienai hasta le fué ordenado avisar cada una de las salidas del vicario P. J. Zdebskis de la parroquia. En estos momentos, ya bastante cantidad de sacerdotes activos sufren más de los suyos que de los funcionarios gubernamentales. De este modo el gobierno desune a los sacerdotes y los predispone a unos contra los otros, a los sacerdotes contra las curias y viceversa. Los sacerdotes que trabajan para la seguridad, a sus colaboradores activos los denominan destinados, extremistas, revo­lucionarios, con pretensiones de "derribar la pared con la cabeza", y a sí mismos—inteligentes, sabedores de abrir tranquilamente un "profundo surco", y abriéndolo así en la iglesia frecuentemente quedan apenas algunos pocos ancianos y ancianas.

(La misión de los sacerdotes agentes):

Los órganos de la seguridad procuran uncir a los sacerdotes enrolados en la propaganda soviética. Por ejemplo, tanto en la publicación de J. Rimaitis "La Iglesia en Lituania", destinada al exterior (en idiomas inglés e italiano), así como en el libro de J. Anicas "El papel social político de la Iglesia Católica en Lituania en los años 1945-1952", hallamos algunas declaraciones mentirosas de ciertos sacerdotes, encu­briendo la persecusión de los creyentes en todo el período de postguerra. Sin duda que tal vez el gobierno consigue a veces obligar a algún sacerdote no enrolado para trabajar para la seguridad, que se manifieste sobre "la libertad" religiosa en Lituania.

La misión especial de los sacerdotes enrolados es "trabajar" ideológicamente a los turistas prove­nientes del exterior, especialmente a los sacerdotes. Ellos explican erróneamente la situación de la Iglesia Católica—que la fe no está restringida, quien lo desea puede orar, el Seminario provee suficientemente de sacerdotes a las parroquias, parte de los sacerdotes son destinados. Si no existieran, entonces los obispos obtendrían del gobierno soviético algo más que esas facilidades, etc.

Pretendiendo demostrar cuan bueno es el gobier­no soviético para los sacerdotes, les puede ser mostrada a los extranjeros la villa del administrador mons. C. Krivaitis sobre la orilla del Neris, la casa del cura párroco de la parroquia de la Inmaculada Concepción, P. St. Lydis, etc. El extranjero no podrá concurrir a cualquier rincón y no podrá observar que, a veces, los sacerdotes carecen de las mínimas condiciones de existencia. Por ejemplo, el cura párroco de Valakbudis, P. A. Lukosaitis, durante el verano de 1972 vivía en una carpa instalada en el atrio, dado que el gobierno no le permitió la compra de una casa para vivienda, y el hogar de refugio quitado a la parroquia permanece casi vacío.

(El engañamiento del Vaticano):

Queriendo conocer la real verdad, sentir la perfectamente enmascarada traición, simulación y engaño de los funcionarios soviéticos, debe uno por sí mismo vivir un tiempo más prolongado en Lituania. Por lo tanto no es nada raro que hasta el Vaticano estuvo engañado durante largo tiempo. Mirando con los ojos de los que habitamos en Lituania, se adoptaron muchas decisiones desfavorables para la Iglesia Católica de Lituania. Hasta en estos mismos momentos los sacerdotes y creyentes de Lituania deploran que la Santa Sede, al apoyar a la gente discriminada del mundo, solo muy imperceptible­mente recuerda "la Iglesia del silencio y el martirio", pero no promueve ni condena la persecusión en la Unión Soviética.

(Cuando destruirán la Iglesia en Lituania):

Nadie cree en Lituania que es posible un diálogo con el gobierno. Para el gobierno ateísta este es necesario solamente para que, bien prepatados, pueda lograrse destruir más fructuosamente la Iglesia desde adentro. Es muy claro para todos en Lituania que la Iglesia no será destruida mientras los sacerdotes permanezcan encerrados en prisiones, mientras los educadores sean obligados a hablar y obrar en contra de sus convicciones, mientras no haya prensa y libros de oraciones y catecismos editados oficialmente; pero la Iglesia Católica de Lituania perderá a la gente si pierde la confianza por lamer las botas del gobierno soviético. Algo similar a lo que le ocurrió a la Iglesia Ortodoxa de Rusia.

III. El uncimiento de los creyentes a los antojos ateístas

(Los creyentes son obligados a propagar el ateísmo):

De acuerdo al programa del Partido Comunista, todos los instruidos: maestros, médicos, agrónomos, etc., deben estar ideológicamente "ilustrados" y preparados para "ilustrar" a los demás. En el hospital de Švenčionis durante años enteros estuvo colgada una disposición del médico en jefe, de que todo médico, sin excluir a los conocidos públicamente como creyentes, estaba obligado a estar preparado para dar en cualquier momento conferencias, una con tema de medicina y la otra con tema antirreligio­so. Para dirigir los círculos ateístas de las escuelas más de una vez fueron designados maestros conocidos como creyentes. Hasta los trabajadores creyentes son designados para los soviets ateístas de fábricas y establecimientos. De esta manera se pretende obli­garlos a hablar y actuar en contra de sus conviccio­nes. No deseando perder el trabajo o, por lo menos, no tener dificultades, los instruidos más de una vez condescienden y se convierten en colaboradores ateístas. Resulta imposible contabilizar ni estimativa­mente, qué gran cantidad de maestros, aterrorizados por los ateístas, han hablado en contra de la fe, cuantos escolares o estudiantes se han inscripto en las organizaciones ateístas de los pioneros o juventud comunista, o directamente en círculos ateístas. No es casual que es dable escuchar frecuentemente en Lituania decir, que los maestros son los que mayormente han colaborado para la eliminación de Dios de la nación y, por consiguiente, para su desnacionalización.

 

(El papel de los padres en el ateísmo):

Los inconcientes padres católicos, aterrorizados por los ateístas, también frecuentemente destruyen la fe. Cuando el niño duda si incorporarse o no en la juventud comunista, los padres creyentes más de una vez le aconsejan que se incorpore, temiendo que no persigan al niño: "Incorpórate, hijito. Qué se le va a hacer. Los tiempos son así..." Y lo empujan al niño en el camino de la simulación y la invalidez espiritual. La mayor parte de esos niños pierden la fe, mientras los padres no comprenden que ellos mismos aniquilaron la vida religiosa de sus hijos ante el temor de las persecusiones ateístas.

Existen padres que, por miedo a las represiones o directamente por un estúpido entendimiento, temen defender a sus hijos cuando estos son obligados a proceder en contra de la fe. Asi también aparecen padres muy decididos, que manifiestan: "No aterrori­cen a mi hijo, pues de otro modo me veré obligado a no mandarlo a la escuela."

 

(También los educados creyentes):

Los ateístas hasta procuran' uncir a los educados creyentes a la acción ateísta. Más de una vez, en el colegio, el educado creyente debe hablar en contra de la fe, dibujar una caricatura antirreligiosa, burlarse de un amigo por la práctica religiosa pública. Los niños, habiendo adquirido mayormente de los mayores el espíritu de condescendencia, ocultan su fe y no gustan de sus amigos de clase que la practican públicamente.

La pedagogía soviética promueve el comporta­miento de tales educados creyentes, y la denominan "efecto positivo colectivo".

Confrontemos los hechos presentados con la propaganda ateísta:

"El Estado soviético y los órganos de su gobierno no interfieren en los asuntos internos de la iglesia", se dice en el librito de J. Anicas y J. Rimaitis "Las leyes soviéticas sobre los cultos religiosos y la libertad de conciencia" (Vilnius, 1970, pág. 21).

"El Partido lucha por la total libertad religiosa y con respeto aprecia toda convicción sincera en la esfera de la fe", escribe A. Balsys en el folleto "Donde chocan las lanzas" (Vilnius, 1972, pág. 58).

 

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